Una carta de la directora ejecutiva

“Los últimos dos años han sido tumultuosos por decir lo menos. Tanto en el 2019 como en el 2020, puedo decir inequívocamente que no podría estar más orgullosa de la organización en la que nos estamos convirtiendo o del movimiento que estamos construyendo, ante la incertidumbre y la oposición implacable. Nos mantenemos impávidas, somos radicales y seguimos imaginando cómo todo podría ser diferente, a pesar de las barreras erigidas a nuestro alrededor…”


El 2019 será recordado por muchxs como el año de las prohibiciones al aborto que arrasaron al país. Recordaremos cómo intentaron, y fracasaron, poner fin al acceso al aborto en Georgia y en muchos otros estados. Tuvimos el honor de estar junto a SisterSong Women of Color Reproductive Justice Collective, Planned Parenthood Southeast, la ACLU, el Centro de Derechos Reproductivos y demás demandantes de Georgia para decir que no aceptaremos esta ley inconstitucional que niega a nuestra comunidad los servicios que necesita y merece.

Pero lo que yo más recordaré es cómo organizadorxs y activistas, individuos y organizaciones, proveedorxs y asociaciones, gente joven, gente queer, trans y no binaria, gente negra, gente discapacitada, trajeron nuestra identidad plena y auténtica al Capitolio día tras día, para mostrar a la legislatura quiénes somos, y qué nos importa, y de qué estamos hechxs. Nos organizamos rápidamente, nos movimos como un colectivo, nos cuidamos unxs a otrxs en el proceso. El 2019 le dio al resto del país una idea de lo que lxs organizadorxs de Georgia son capaces de hacer, y confirmó cuánto más poderosxs somos juntxs que solxs. El Centro Feminista de Salud para las Mujeres siempre estará comprometido a trabajar desde la cooperación, en estrecha colaboración con nuestra comunidad, a la velocidad de la confianza.

El 2020 ha sido un conjunto de desafíos completamente diferente. Sí, el aborto todavía está estigmatizado y el patriarcado y el racismo prevalecen en todos los aspectos de nuestra sociedad, pero bueno, agreguemos por pura diversión, una pandemia global devastadora a la mezcla. Nunca he sentido tan plenamente el peso de mi responsabilidad por el bienestar y la seguridad de mi personal como en el 2020. Me he vuelto aún más consciente de que cada decisión o error que tomo afecta la seguridad y el sustento de aquellas personas con quienes trabajo. Y tomar decisiones sobre cómo seguir brindando atención médica reproductiva necesaria y esencial mientras protegemos la salud de nuestro personal y pacientes, cuando la información no es clara y cambia rápidamente, y el miedo y la ansiedad aumentan para todxs, a veces se ha sentido como una tarea imposible. Pero este tiempo de desaceleración, de reexaminar las prioridades, de adaptarme y evolucionar, también me ha ayudado a comprender mejor el tipo de líder que soy y el tipo de líder que quiero ser. He encontrado formas de aceptar mi falibilidad y rechazar el perfeccionismo. No permitiré que la incertidumbre o el miedo me impidan tomar decisiones o me mantengan paralizada. Estoy tratando de modelar que no tenemos que martirizarnos para lograr nuestra visión de la justicia. Quiero que recordemos que podemos priorizar nuestro bienestar, y ver que cuidarnos a nosotrxs mismxs y a lxs demás es fundamental para el trabajo, y no una distracción o una indulgencia. Quiero que seamos reflexivxs e intencionales, rigurosxs y descansadxs, valientes y amables en nuestro acercamiento a esta enorme misión de establecer la justicia reproductiva para todxs. El 2020 me ha reafirmado que todo nuestro personal y proveedores, en la clínica, el Capitolio y la comunidad, siempre han sido trabajadorxs esenciales. Porque la justicia reproductiva es fundamental. Eso significa que reconocemos la humanidad hermosa, desordenada y dinámica de nuestro personal. Que no solo reflejamos nuestra querida comunidad, somos nuestra querida comunidad. Nos esforzamos por construir una organización que refleje el mundo que estamos tratando de construir, y eso requiere que nos cuestionemos cómo estamos replicando los sistemas que estamos intentando desmantelar. Mientras continuamos construyendo un movimiento feroz en Georgia, simultáneamente estamos tratando de cuidar nuestro propio jardín internamente y florecer juntxs. Con el apoyo constante de nuestrxs donantes y fundaciones, podemos pagar a nuestro personal de manera justa y brindarles el apoyo, la flexibilidad y los recursos que necesitan para hacer bien su trabajo sin sacrificar su bienestar en el proceso. Establecimos el pago de prestación por condiciones de vida peligrosas, para reconocer los riesgos que lxs empleadxs de nuestra clínica estaban dispuestxs a asumir para continuar ofreciendo la atención compasiva del aborto por la cual nos esforzamos. Actualizamos nuestros sistemas y personal de seguridad ante el aumento de la actividad de lxs manifestantes, y nuestro saneamiento en respuesta al COVID-19. Hemos realizado mejoras en nuestro edificio, nuestro equipo, nuestro software y hardware, la estructura de nuestro personal, nuestros controles financieros y nuestros terrenos, porque nuestro personal y nuestrxs pacientes merecen tener un lugar sostenible, seguro, limpio y hermoso para brindar y recibir atención. Pero también podemos y haremos más. A medida que las realidades del racismo y la supremacía blanca se vuelven más imposibles de ignorar para muchxs debido a la convergencia de eventos y circunstancias recientes, para muchxs de nosotrxs nada de esto es nuevo. Pero lo nuevo es una oportunidad para agudizar nuestra comprensión, nuestro análisis y nuestra visión compartida, y estar mejor preparadxs para dar un paso hacia un futuro reinventado juntxs. Tenemos la intención de dedicar una parte de nuestro trabajo del 2021 a hacer ese trabajo necesario. Somos sin reservas, una organización de salud, derechos y justicia reproductiva dirigida por mujeres negras, independiente, sin fines de lucro, multigeneracional y multirracial, comprometida con una visión de atención a la salud reproductiva accesible y libre de juicios en el sur para todxs lxs que necesitan. Y no vamos a rehuir de las conversaciones difíciles y las consideraciones que son necesarias para vivir más plenamente en nuestros valores y convertirnos en la organización que nuestra comunidad necesita que seamos.